Pedro Tejeda: Habanosommelier (+ PHOTOS and VIDEO)

Pedro Tejeda habano sommelier from  La Bodeguita del Medio / Pedro Tejeda habano sommelier de La Bodeguita del Medio

Pedro Tejeda habano sommelier from La Bodeguita del Medio / Pedro Tejeda habano sommelier de La Bodeguita del Medio

My first encounter with a cigar happened when I was in high school, when I was about 17 or 18. I was a boarding-school student in Pinar del Río, in the La Soga area, and I and the other students were working in the tobacco fields. On many weekends, I would stay at a farmer’s home. I remember that he would set two rocking chairs in front of the TV and light a cigar that he himself had rolled with leaves from his plantation. The cigar really stung my mouth, and the farmer thought it was funny watching me make faces as I struggled to smoke. Actually, it was funny, but also magic to share a Habano, watch television, chat and have a little drink of rum with your buddy.

I am a Habanosommelier and I work at the restaurant La Bodeguita del Medio, at the bar. Twenty-six years ago, I saw an ad for Habanos in which a very elegant man was showing a tray of cigars to some customers. I was really struck by that image. And I wanted to imitate it, selling the Habanos that we had at the hotel. That’s how I met a journalist who showed me how to light a Habano with a cedar strip. That moment had a big influence on my becoming passionate about the world of cigars.

To become a Habanosommelier, you have to take sommelier studies at one of Cuba’s tourism schools. In these courses, a complete section is devoted to the Habano and spirits. They teach you how tobacco is grown, the different brands, how it is sold, its good features…everything.

Once you’re done with the course, you have to give it a lot of effort and love, because it is a difficult activity. The competition to become a champion Habanosommelier is complex, and you really have to train to be able to do well, because there are two stages, theoretical and practical, in which you face two clients. I won the Western Regional championship in 2012. The judges are very demanding and that means that the competition brings prestige to the contestants. My wife, Sulay Nápoles, is a World Champion Habanosommelier in the Blind Tasting category. Watching her compete was very inspiring for me.

A Habanosommelier is an expert who helps you to find the ideal Habano for the perfect moment. If a client is a regular smoker, then you have to respect his tastes because he knows what he wants. If the client is a first-time smoker, then you would recommend a finecaliber, mild-tasting Habano for a pleasant experience. Personally I like Habanos that are well-rolled, well-made and purchased in the right place. If I’m going to have a drink and chat with a friend, I prefer a mild one, like a Hoyo de Monterrey. For after lunch, I like to have a Romeo y Julieta or a Short Churchills robusto, which has a smoking time of 30 to 40 minutes and leaves a nice taste in your mouth.

For a festive atmosphere, I like a strong Habano, like a Partagás or one from the Cohiba Maduro 5 line. Seeing a white, even ash is very important for me, because I have the assurance that I am smoking a good Habano. I don’t have any preferred brands, because here it is very difficult to get attached to just one.

The Habano is a work of art; it is Cuba. It is a perfect creation, made by hand and with a lot of love, in a journey that does not end at the store or when it is smoked; the perfection of its craft makes it an unforgettable memory. Describing it with words is very difficult for me. It is a product that you have to love, because other people have loved it before it came to you. That is why the Habano is king.

Alain L. Gutiérrez Almeida

Mi primer encuentro con un tabaco fue cuando estaba en el preuniversitario, tendría 17 o 18 años. Estudiaba becado en Pinar del Río, en la zona de La Soga, y los estudiantes trabajábamos en el cultivo del tabaco. Muchos fines de semana me quedaba en casa de un campesino. Recuerdo que él ponía dos sillones frente al televisor y encendía un tabaco torcido por él mismo con hojas de su vega. El tabaco me picaba mucho en la boca y al guajiro le divertía mucho verme pasando trabajo y haciendo muecas mientras fumaba. De verdad era gracioso, pero mágico, eso de compartir un Habano, ver la televisión, conversar y tomarse un traguito de ron con alguien querido.

Soy Habanosommelier y trabajo en el bar del restaurante La Bodeguita del Medio. Hace 26 años, vi una publicidad de Habanos donde aparecía un señor muy elegante mostrando una bandeja con tabacos a unos clientes. Me llamó mucho la atención aquella imagen. Y quise imitarlo vendiendo los Habanos que teníamos en el hotel. Así conocí a un periodista que me mostró cómo encender un Habano con una lámina de cedro. Ese momento influyó mucho para apasionarme con este mundo del tabaco.

Alain L. Gutiérrez Almeida

Para llegar a ser Habanosommelier es imprescindible pasar por la cátedra de sommelier de las escuelas de turismo en Cuba. En estos cursos se les dedica un módulo completo al Habano y las bebidas espirituosas. Te enseñan desde cómo se cultiva el tabaco, sus marcas, cómo se vende, sus fortalezas, todo. Una vez que se sale del curso hay que ponerle mucho empeño y amor porque esta es una actividad difícil. La competencia para llegar a ser campeón Habanosommelier es compleja y debes prepararte mucho para salir bien, pues tiene dos etapas, una teórica y otra práctica donde te enfrentas a dos clientes. Yo logré ser Campeón de la Zona Occidental en 2012. Los jueces son muy exigentes y eso hace que la competencia prestigie a los concursantes. Mi esposa, Sulay Nápoles, es Campeona Mundial Habanosommelier en cata ciega. Haberla visto competir fue muy inspirador para mí.

El Habanosommelier es la persona experta que te ayuda a encontrar el Habano ideal para el momento

perfecto. Si el cliente es fumador habitual hay que respetar sus gustos porque ya sabe lo que quiere. Si el cliente es alguien que por primera vez va a fumar, entonces le recomendaría un Habano de calibre fino y de sabor suave para que su experiencia sea agradable. Personalmente me gustan los Habanos que estén bien torcidos, bien hechos, comprados en el lugar adecuado. Si voy a beber una copa y conversar con un amigo, prefiero uno suave, como el Hoyo de Monterrey. Para después de un almuerzo me gusta un Romeo y Julieta o un Short Churchills robusto, que tiene un tiempo de fumada de 30 o 40 minutos y te deja un buen recuerdo en la boca. Para un ambiente festivo me gustan los potentes, como el Partagás o los de la línea Maduro 5 de Cohíba. Observar una ceniza blanca, pareja, es algo muy importante para mí, porque tengo la seguridad de estar fumando un buen Habano. No tengo preferencia por una marca

en particular porque acá es muy difícil casarte con una. El Habano es una obra de arte, es Cuba. Es una obra perfecta hecha a mano y con mucho amor que no termina su camino en la tienda o en la

fumada, es una obra imborrable en el recuerdo por la perfección que alcanza su elaboración. Describirlo con palabras me es muy difícil. Es un producto que tienes que amar porque otras personas lo han amado antes de llegar a ti. Por eso el Habano es rey.

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